Yago ante ti, suave, cálida y descaradamente presente. Mi mano reposa inocentemente sobre mi piel, pero mi mirada te dice algo completamente distinto: sé exactamente lo que estás pensando. Y lo estoy disfrutando. Puedes mirarme. Muy despacio. Cada curva, cada contorno, cada pequeño detalle. Puedo sentir cómo crece tu deseo mientras me muevo apenas deliberadamente, solo un poco, lo suficiente para volverte aún más loco. Te susurro: "¿Y bien? ¿Ya te estás debilitando? Y ni siquiera he empezado de verdad...". Entonces te acerco con mi voz, muy despacio, hasta que solo sientes mi cuerpo, mi calor y esta fantasía prohibida. Hoy, yo marco el ritmo. Y solo puedes ir más allá cuando esté segura de que ya no puedes más, papi... 🥵